Iztaccíhuatl: Lecciones del fuego


Los incendios nos preocupan porque son impactantes. Sin embargo, ¿sabías que suprimirlos innecesariamente puede ser tan malo como tenerlos demasiado frecuentemente?, y que para mantener la salud y dinámica natural de ecosistemas templados los incendios, el pastoreo y la tala racional pueden ser herramientas clave para la restauración de bosques y pastizales nativos. ¿Te sorprende?

En breve, la historia natural del fuego y su efecto positivo en árboles y pastos es la siguiente. En estas zonas montañosas los incendios naturales históricamente son provocados por los rayos anunciando la época de lluvias. Al ocurrir, queman toda la hojarasca, pastizales, arbustos y rara vez afectan la copa de los árboles. En el caso de varias especies de pinos el calor del incendio induce a sus conos a abrirse y liberar sus semillas, cayendo en un suelo esponjado y abonado por el incendio. Al sumarse la humedad de las lluvias y al haber eliminado la sombra generada por los arbustos y pastos, estas semillas encuentran condiciones inmejorables para su germinación. En el caso de los pastizales, el follaje seco removido por el fuego crea condiciones propicias para su rebrote proporcionando alimento para forrajeadores silvestres, incluyendo conejos y venados, y para el ganado y a su vez contribuyen a la dispersión de sus semillas. El fuego es esencial para los círculos virtuosos de este ecosistema.

Pero un incendio fuera de época no es buena noticia para los árboles. Para ellos fuegos como el registrado el pasado 1 de enero en el Iztaccíhuatl debe apagarse, si bien a los pastos no les afecta tanto y su rebrote brinda valioso alimento fresco para la fauna.

LAS LECCIONES DEL FUEGO SON:

  1. Pastorear y quemar: Puede ser bueno, pero con periodos de reposo para permitir la recuperación y rebrote de pastizales y plántulas de árboles;

  2. Reforestar: El fuego induce a que se dé de manera natural desde antes que existiera el ser humano. Si se quiere intervenir, sin embargo, es importante hacerlo emulando la densidad del bosque natural y con especies de la región.

  3. Nunca aforestar: Es decir, no deben sembrarse árboles en llanos, como Llano Grande, ni en el Paso de Cortés donde históricamente no los han habido. Los árboles desplazan a los pastizales destruyendo el hábitat de especies en peligro de extinción endémicas de los pastizales, como el conejo de los volcanes o Teporingo y el gorrión serrano. El incendio puede ser la mejor noticia para mantener su amenazado hábitat sin árboles.




Es importante subrayar que en la región del Izta-Popo –y montañas del centro de México– los pastizales nativos son uno de los ecosistemas más amenazados y por lo tanto requieren toda nuestra atención para asegurar su sobrevivencia. Hoy sabemos que los pastizales también contribuyen igual o mejor que los bosques en la retención de suelos, captura y retención de carbono y recarga de acuíferos.

Esta es una gran oportunidad para redefinir prioridades y establecer acciones de restauración respetuosas de los tipos de vegetación de cada región, especialmente en el Parque Nacional Izta-Popo. Confiamos en que la respuesta al incendio no será sembrar árboles a ciegas, sino aprender a trabajar con la naturaleza, la cual ha funcionado muy bien sin nosotros.



Por Jürgen Hoth/Cumbres Blancas









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